
Marlene Caires: “Si podía con el inglés, podría con todo lo que me propusiera”
Hay historias que comienzan con una profesión, pero terminan convirtiéndose en algo mucho más grande. La de Marlene Caires es una de ellas.
Marlene construyó su trayectoria mediante una reinvención constante. Hoy reside en Granada, España, pero una parte importante de su historia se escribió en la isla británica de Jersey, adonde llegó siendo adulta con un objetivo que parecía tan sencillo como desafiante: aprender inglés.
Lo consiguió. Y no solo llegó al nivel nativo: obtuvo el C2 en inglés tras aprobar el examen de la Universidad de Cambridge, consiguió el certificado TESOL y terminó enseñando el idioma en el mismo centro donde años antes había estudiado como alumna.
De esa experiencia nació también “El inglés no muerde”: su libro, proyecto educativo, podcast y espacio en redes sociales desde el que ayuda a otros adultos a enfrentarse al aprendizaje del idioma desde una perspectiva diferente.
En esta edición de Venezolanos Ilustres, Marlene Caires comparte su historia, sus aprendizajes, los momentos difíciles de su camino y las razones que la llevaron a descubrir que aprender inglés también podía significar descubrirse a sí misma.
Una caraqueña de raíces portuguesas
“Soy caraqueña, hija de inmigrantes portugueses. Licenciada en Letras, graduada en la UCAB. Profesora”.
Así comienza a definirse Marlene, quien actualmente vive en España, pero mantiene vínculos con sus hermanos, otros familiares y amigos que permanecen en Venezuela.
Se define a sí misma como una mujer de fe y destaca tres valores que considera fundamentales: perseverancia, respeto y responsabilidad. Su hijo es hoy su mayor inspiración para continuar soñando, trabajar por sus objetivos y buscar convertirse en una mejor versión de sí misma.
A esa motivación personal se suman dos motores profesionales: ayudar a otros adultos a aprender inglés y acompañarlos en la exploración de su propio poder interior.
También una frase que la acompaña especialmente en los momentos difíciles: “La fe es mi escudo y tu amor mi salvación, Señor”. Para Marlene, esas palabras son mucho más que un lema: “La elijo porque es mi ancla de paz cuando atravieso momentos difíciles”.
Una historia de reinvención
Antes de convertirse en profesora de inglés, Marlene ya había forjado una trayectoria en el mundo de las letras y la educación. Fue redactora en una revista de tecnología, profesora de secundaria durante cuatro años en el Colegio Claret del Alto Hatillo y profesora de latín en la Universidad Central de Venezuela.
Hasta que decidió enfrentarse a una asignatura pendiente.
“Ha sido una gran aventura de reinvención personal y profesional”, cuenta.
A los 27 años tomó la decisión de dejar Caracas y viajar a la isla británica de Jersey para aprender inglés. Llegó con un nivel elemental de conversación y con un objetivo ambicioso: alcanzar un nivel nativo que posteriormente le permitiera enseñar el idioma.
El camino estuvo muy lejos de ser sencillo.
Durante casi nueve años tuvo que guardar su título de Licenciada en Letras y trabajar como niñera, asistente en cafeterías, limpiando oficinas y en restaurantes, mientras continuaba estudiando inglés en academias y por su cuenta.
“Mi hambre de superación en la vida fue lo que me ayudó a luchar por alcanzar el nivel nativo de inglés”.
En 2013 comenzó a dar clases de español a adultos británicos y de otras nacionalidades en Highlands College. Al terminar su jornada en la cafetería, se iba a dar clases por la noche. Poco después le ofrecieron también clases de portugués e inglés.
Durante años combinó sus clases en el Highlands con trabajos en Jersey Pottery. Y lo recuerda con una imagen que resume perfectamente aquella etapa:
“Yo parecía la versión femenina de Superman, me cambiaba de uniforme y se transformaba mi vida”.
Con el tiempo llegó una nueva oportunidad: trabajar a tiempo completo en educación en Highlands College, primero como asistente de profesores para apoyar a alumnos cuya primera lengua no era el inglés y posteriormente como líder del equipo de asistentes.
El lugar tenía para ella un significado especial. Allí había acudido años antes a estudiar inglés por las noches. Regresar por esas mismas puertas como profesora fue, en sus propias palabras, “muy gratificante”.
“Todavía me parece un sueño lo que logré allí”.

Aprender inglés para descubrirse a sí misma
El gran logro de Marlene no fue únicamente dominar un idioma. El proceso le permitió descubrir fortalezas personales que hasta entonces no sabía que tenía.
“Lo más bonito de mi historia es que aprender inglés siendo adulta y fuera de mi país me permitió transformarme, descubrir mis mayores fortalezas, a través de los fracasos y comprobar que sí podía con el inglés, podría con todo lo que me propusiera”.
Su mayor Everest personal llegó cuando alcanzó el nivel nativo, después de aprobar el examen de la Universidad de Cambridge. A ello sumó el certificado TESOL, que le permite enseñar inglés en distintos países.
También llegó a ser coach de profesores adultos, un cargo que recuerda con especial emoción porque sucedió después de haber sido alumna de quien ocupaba anteriormente esa posición.
Terry había sido su coach cuando llegó a Highlands College. Años después, cuando le propusieron sucederlo, Marlene confiesa: “No podía creérmelo. Fue muy emocionante”.
Finalmente, cumplió aquel sueño que había comenzado en Venezuela: convertirse en profesora de inglés y enseñar el idioma en el mismo colegio donde había estudiado.
Además, tuvo la oportunidad de enseñar a inmigrantes venezolanos, portugueses, polacos, rumanos y de otras nacionalidades. Para ella, hacerlo en los mismos salones donde años atrás había sido estudiante fue una experiencia especialmente gratificante.
El inglés no muerde
Su experiencia como estudiante adulta y como profesora terminó convirtiéndose en un proyecto que hoy lleva el mismo nombre que su libro: “El inglés no muerde. Claves para aprender inglés en la edad adulta”.
Pero el nombre tiene una historia detrás.
A los 18 años, Marlene sentía aversión por el inglés. Cuando supo que tendría que estudiar Inglés I, II y III en la universidad, sintió que “un fantasma volvía a perseguirme”.
Años después, en Jersey, experimentó en primera persona lo que significa aprender un idioma mediante una inmersión total. Como adulta, tuvo que enfrentarse a miedos, dudas, inseguridades y creencias limitantes.
“El proceso no fue fácil, pero aprendí a hablarme de manera más amable a mí misma, a creer en mí, a aprender de mis errores, a reírme más de mí misma y a vivir el aprendizaje como aventura y no como un drama”.
Fue precisamente esa transformación interior la que terminó dando forma a su propuesta.
Marlene comenzó a identificar estrategias y claves para ayudar a otros adultos que también sentían miedo frente al idioma. Tanto en Jersey como posteriormente en España conoció personas que sufrían auténtico pánico ante el inglés.
“Mi libro nació de mi interés por ayudar a mis alumnos y a todos aquellos adultos que aún sufren por causa del inglés”.
El título busca justamente quitarle drama a ese proceso y convertir lo que muchas veces parece una “telenovela” en una experiencia de aprendizaje posible.
Desde la publicación del libro en Amazon, Marlene ha recibido reseñas y testimonios de adultos a quienes ha ayudado a transformar el miedo en acción.
Su proyecto también creció hacia las redes sociales y el podcast El inglés no muerde, que se transmite de lunes a viernes por Acción Arte Radio y está disponible posteriormente en distintas plataformas de audio.

Reinventarse las veces que sea necesario
Si tuviera que resumir en una sola lección todo lo que le ha dejado este recorrido, Marlene no duda:
“La lección más grande que me ha dejado este recorrido es que puedo reinventarme las veces que quiera”.
Y continúa:
“No hay etiquetas que puedan delimitar lo que puedo llegar a ser y a lograr”.
También reconoce haber aprendido a no sobrevalorar las opiniones ajenas, a perder el miedo a mostrarse vulnerable y a ser auténtica.
“No pido permiso ni me disculpo por ser quien soy y por hacer lo que me apasiona”.
Su historia también está atravesada por desafíos. En Jersey tuvo que afrontar la experiencia de ser inmigrante y trabajar durante años en áreas que no la apasionaban. Sabía que tendría que hacerlo mientras mejoraba su inglés.
También tuvo que superar el miedo a equivocarse en público, a “hacer el ridículo” y a ser criticada.
Con el tiempo comprendió que equivocarse formaba parte del proceso. Cambió la manera de hablarse a sí misma, desarrolló paciencia y pasó de frustrarse por cometer errores a trabajar en corregirlos.
“Empecé a reírme más y a quejarme menos”, explica.
El antes y el después
Hay una decisión que Marlene identifica como el gran punto de quiebre de su vida: renunciar a su empleo como profesora en Caracas para marcharse a Jersey.
Dejó atrás su zona de confort y llegó a una isla donde: “… solo conocía, por fotos, a dos primos portugueses”.
El frío, los trabajos en cafeterías, limpieza y restaurantes, la presión de aprender inglés y todos los cambios que tuvo que afrontar terminaron transformándola en una mujer que ella misma describe como más humilde, resiliente, valiente y segura de sí misma.
En ese camino hubo también una figura fundamental: su padre. Un portugués, que emigró a Venezuela siendo adolescente. Marlene creció observando sus esfuerzos por construir una vida en un país lejano al suyo, donde además se hablaba otro idioma.
Lo recuerda como un hombre trabajador, responsable y optimista, que nunca se rindió.
“Viendo a mi papá aprendí que rendirse no es una opción y que si queremos cambiar de verdad, para mejor, podemos lograrlo”.
Soñar detrás del mostrador
Entre las experiencias que más recuerda hay una frase que le dijo su jefa en el Departamento de Atención a la Diversidad en Jersey: era la persona más positiva que había conocido en toda su vida.
Aquellas palabras la hicieron comprender cuánto había influido su experiencia como inmigrante en su manera de valorar las oportunidades.
Nunca tuvo problema en hacer suplencias, trabajar horas extra o asumir tareas que otros no querían realizar. Su empleo en educación era algo que valoraba profundamente y esa actitud no pasó desapercibida.
Pero quizá una de las imágenes que mejor resume su proceso es la de aquella Marlene que trabajaba detrás del mostrador de una cafetería mientras soñaba con ser profesora.
“Me imaginaba haciéndolo y sonreía”.
Y se repetía:
“Ánimo, Marlene, que esto no es para siempre, un día trabajarás a tiempo completo en Highlands College, ahora, a servir cafés con alegría”.
Años después, lo consiguió.
Venezuela también está presente

Aunque hoy vive en España, Venezuela continúa ocupando un lugar importante en su historia.
Cuando le preguntamos por su plato venezolano favorito, la respuesta es inmediata: la hallaca. “El olor del guiso me hace viajar a mi infancia”.
Y cuando le preguntamos por ese lugar de Venezuela que lleva siempre en el corazón, no menciona un monumento ni un paisaje turístico. Habla de su casa.
“La casa en la que crecí. Está en el Junquito, en Luis Hurtado Higuera”.
También Venezuela estuvo presente recientemente en su trabajo a través de la serie de Reels “Inglés para Venezuela”, creada en su cuenta @elinglesnomuerde.
El doble terremoto ocurrido en el país en junio de este año la afectó profundamente. Pero también encontró en las imágenes de solidaridad una razón para sentirse orgullosa de los venezolanos.
“Vi a muchos venezolanos que lo estaban pasando mal, que probablemente habían sufrido pérdidas y que, sin embargo, llevaban comida y bebida a otros, con amabilidad y buen humor”.
Desde su espacio decidió rendirles homenaje.
Su consejo para nuestros lectores después de los momentos difíciles de este año recoge precisamente esa mirada: seguir utilizando el humor como aliado en la vida y en el aprendizaje.
Para Marlene, esa capacidad de los venezolanos de encontrar una sonrisa incluso en circunstancias dolorosas es algo que debemos conservar.
“La capacidad tan natural y característica del venezolano de reír en medio del dolor, de hacer chistes y buscar el lado positivo, en medio del sufrimiento, es algo que jamás debemos perder. Es nuestro más precioso don”.
Quizás por eso su propia historia resulta tan coherente con el nombre que escogió para su proyecto. Porque “El inglés no muerde” no es únicamente de aprender un idioma.
Habla de enfrentarse al miedo, equivocarse, comenzar de nuevo, trabajar por un sueño y descubrir que muchas veces aquello que parecía imposible era, en realidad, una puerta hacia una versión desconocida de nosotros mismos.
Marlene Caires abrió esa puerta hace años, cuando decidió dejar Caracas y viajar a Jersey para aprender inglés. Desde entonces, ha seguido atravesándola una y otra vez: como estudiante, profesora, inmigrante, escritora, creadora de contenido y, sobre todo, como mujer que descubrió que puede reinventarse las veces que quiera.
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