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Max Römer: Bitácora de su vida en la docencia y el periodismo

Max Römer merece especial reconocimiento por ser digno ejemplo de profesionalismo, vocación de servicio, y desempeñar una carrera honorífica por más de 30 años en la docencia y el periodismo donde ha sido galardonado en reiteradas ocasiones. 

Nos cuenta con la sencillez que lo caracteriza que su convicción y amor por la enseñanza está reflejado en sus genes, ya que proviene de una familia dedicada a la docencia desde hace más de un siglo. Se siente plenamente orgulloso de lo que ha logrado con los estudiantes que ha formado porque considera que cada uno de ellos tiene mucho que ofrecer a la sociedad. 

Amablemente nos concedió una entrevista en esta edición 32, para conocerlo mejor y proyectarlo como lo que es: un ciudadano ilustre del país, a pesar de que tiene varios años en Madrid.

Max Römer

Max Römer: Impulsor de valores y perfil extraordinario

El periodista y académico Max Römer, demostró como su constancia y esfuerzos rindieron buenos frutos, con los años se convirtió en un prestigioso investigador en semiótica política, redes sociales y carismático Doctor en Ciencias de la Información de La Laguna.

Egresado de la Licenciatura en Comunicación Audiovisual por la Universidad Católica Andrés Bello acumula varios títulos de postgrado en su extenso prontuario universitario.

En su admirable hoja de vida destaca su óptima labor como director y formador universitario, escritor de más de 25 obras científicas, articulista de opinión, consultor de comunicaciones estratégicas y políticas a empresas e instituciones; junto a productor, director y guionista de audiovisuales con múltiples premios por sus producciones. 

Tales logros no han cambiado su esencia humanista y espíritu luchador, sin aspavientos se define como “una persona común y corriente que hace su trabajo y cree en lo que hace. Un hombre entregado a su trabajo y familia”. Tiene un gusto especial por el queso relleno y en su mente sigue dibujada la imagen de la ribera del río Arauca. 

Actualmente continúa su labor académica en tierras madrileñas. En sus propias palabras pone de manifiesto que “la trayectoria no termina, se inicia cada día.”

Su apuesta por la educación en Venezuela

Max siempre ha demostrado un amor profundo por la comunicación social y nos revela su inminente pasión por el campo educativo. Pero, ¿cómo se concibió esta vocación y talento?, el ucabista comenta una anécdota curiosa: “hice una apuesta hace muchos años con una compañera de estudios (en primero de la carrera). Le dije que trabajaría en la Escuela de la UCAB, que sería su director y profesor”. Y así fue, consiguió materializar su sueño tras asumir el cargo de profesor y director de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Con evidente emoción transmite su sentir por lo que hace, “la comunicación es mi vida, la sangre que corre por mis arterias y venas. La docencia los músculos del cuerpo”. Sus palabras hacen eco de la conexión que aún tiene con su Alma Mater y sus estudiantes.

“Llevo la docencia en los genes”

Max Römer creció en el seno de una familia dedicada a la profesión docente, y desde los 15 años se dio cuenta de su vocación por la enseñanza, “ viene de familia puesto que tuvimos un colegio en München a finales del XIX e inicios del siglo XX, mi padre fue profesor universitario, mi bisabuelo materno también, mis tíos maternos también. Está en el ADN eso de ser profesor, y ¡llevo 33 años siéndolo!”

Menciona con orgullo sus orígenes y resalta que sus bisabuelos, abuelos y padres son sus modelos a seguir, pero también tiene como ejemplo la tenacidad de su esposa y la diversión de la familia frente al árbol de Navidad, experiencias que representan su mejor escenario de vida.

Max Römer

Claves del éxito de Max Römer

Como ser humano Max Römer se muestra humilde, amante de su trabajo, complacido con la vida y siempre dispuesto a impartir sus conocimientos a la juventud en la que cree fielmente, aditivos que lo impulsan a seguir soñando y trabajando. A su paso por la UCAB buscó enaltecer la Escuela de Comunicación Social y la formación de los estudiantes, su legado sigue vigente. “Yo creo que lo que me empuja a seguir adelante es la admiración que siento por los demás. Veo en mis alumnos a personas que serán grandes profesionales y mejores personas”.

Él mantiene el ánimo en alto más no su ego, al respecto expresa “me la paso cantando bajito”, “veo en cada persona a un ser humano rico en sentires y pensamientos, creo en la gente y sus valores, trabajo por ellos, por mi familia”. Cuando le preguntamos sobre el secreto o la clave de su éxito contestó sin ningún ápice de arrogancia: “no sé si sea exitoso. Soy feliz”.

“Un día de estos”, su obra más excelsa

Max Römer

La magistral obra “Un día de estos” se configura como una bitácora de vida de gran belleza y calidad literaria en la que se dejan plasmados 10 capítulos con relatos breves, presenta elementos existenciales, anecdóticos, y reflexivos que emanan de la cotidianidad del autor. 

Con ingenioso matiz poético describe su libro como “un relato de su propia vida en postales de texto. Son relatos que van tejiendo los días, cualquier día, un día de estos, o cualquier otro que ya haya pasado. El lector encontrará humor, aventuras, desventuras, espacios y tiempos, dolor, amor, familia”. 

Römer ha publicado varios libros a lo largo de su carrera de escritor, pero la idea de “Un día de estos” nace como resultado de “muchos años de escritura guardada en un cajón. De los amores y querencias, de los llantos y el poso de humor que dejan las experiencias”. 

No intenta romper paradigmas, sino hacer lo que cree, vivir intensamente la palabra escrita, ser parte del texto, “creo que el silencio que se abre entre los ojos y el papel es llenado por las palabras escritas”.

Mensaje para las nuevas generaciones

Hay miles de jóvenes que sueñan con convertirse en periodistas, escritores, y docentes exitosos. A este contingente de estudiantes y nuevos profesionales Max les recomienda que “amen lo que quieren y vayan a hacer”. Completa su mensaje de perseverancia y lucha por lo que se quiere con una pequeña anécdota de su vida: “ Mi primer empleo fue en una biblioteca (desde los 14 hasta los 17 años) y me presenté ante la bibliotecaria diciéndole: se limpiar, escribir y leer. Además sé armar mecanos (refiriéndome a los estantes de los libros) y así, me dieron el empleo. Aprendo todos los días de mi trabajo”. Desde su adolescencia se identifica con el lema “There is no finish line”, frase de la marca Nike que traduce “No hay línea final”.

Max superó una enfermedad neurodegenerativa, entre otras circunstancias difíciles “cuando muere su madre, y “cuando se cierra la puerta para abrir otra”. Nada de ello lo ha detenido en su afán de conquistar sus objetivos. 

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