Clara Rodríguez, la pianista que conquistó Londres sin dejar de mirar a Caracas

Foto de Antolín Sánchez.

Clara Rodríguez, el piano como patria y destino

Hablar con Clara Rodríguez es entender que hay trayectorias que no se miden solo en escenarios, sino en convicciones. Pianista, concertista, intérprete, pedagoga, editora de partituras de compositores venezolanos y productora de ocho discos, su carrera es amplia y profundamente coherente. Pero cuando le pedimos que se defina, no comienza por los aplausos.

“Compositora de piezas en estilo venezolano como hobbie privado, mamá del neurocientífico y músico Leonardo Muller-Rodriguez, esposa del músico y poeta francés Jean-Luc Muller”, enumera con naturalidad. Y en esa enumeración también caben sus raíces: hija de Julieta García Giovannetti y del escritor venezolano Argenis Rodríguez, hermana, tía, familia.

De Caracas a Londres: una carrera construida con disciplina y amor

Caracas es su origen. Nació en la capital, creciendo en Las Fuentes, El Paraíso, cerca del Estadio Brígido Iriarte. Aunque lleva cuarenta años viviendo en Londres, la ciudad no ha dejado de ser referencia emocional. “He visitado mi país anualmente (excepto durante la pandemia 2020-2021)”, cuenta.

Entre 1995 y 1998 dirigió el Festival de Música del Teatro San Martín de Caracas, que ella misma fundó, trabajando junto al dramaturgo Gustavo Ott. En 2013 llevó un piano de concierto Steinway modelo D a la Sala José Félix Ribas y dirigió un festival para su inauguración con 16 pianistas locales. Ha tocado cientos de conciertos a lo largo de Venezuela: recitales como solista, con orquestas, en música de cámara y junto a ensambles como El Cuarteto, Nené Quintero, Edwin Arellano, Manuel Alejandro Rangel y Eduardo Ramírez.

Londres, su otra casa, llegó gracias a una beca ganada por concurso para estudiar en el Royal College of Music. “He hecho mi vida aquí en donde he encontrado una cálida acogida dentro del mundo de la música que me ha permitido realizarme como artista integral”.

El amor como motor

Foto de Clara tocando Schumann Piano Concerto con la Orquesta Simón Bolívar conducida por Jordi Mora. Tomada de su web.

Cuando le preguntamos qué la impulsa a seguir soñando y trabajando, la respuesta es simple y luminosa: “El amor a la vida, a la música, a mi familia, a mis alumnos”.

No habla de metas abstractas ni de reconocimiento. Habla de vínculos. Tampoco se aferra a una frase específica. “No creo tener ninguna… Creo en el amor y el buen trato por encima de todas las cosas”. En tiempos de velocidad y competencia, su postura es clara: la ética del trato y la humanidad sostienen la carrera tanto como el talento.

Su recorrido profesional, afirma, ha sido generoso. “No me puedo quejar demasiado. He logrado muchas cosas, entre esas poner en el mapa a compositores venezolanos como Moisés Moleiro, Federico Ruiz, Teresa Carreño, Antonio Estévez, Miguel Astor, Modesta Bor, María Luisa Escobar, Luisa Elena Paesano, Adrián Suárez y otros”. La difusión y edición de repertorio venezolano para piano ha sido una misión constante en su vida artística.

Ese trabajo no ha sido improvisado. “He tenido apoyo de personas generosas que se han movido para ayudarme en ese camino para el cual hay que tener gran perseverancia”. Y esa perseverancia, insiste, es clave. “La constancia y la disciplina son básicas para mantenerse”.

Resiliencia, legado y música venezolana en el escenario internacional

En medio de una carrera sólida, enfrentó uno de los desafíos más duros de su vida: cáncer de mama en grado tres. “Lo superé gracias al universo, los tratamientos, los médicos, el servicio de salud de Inglaterra (NHS) y al apoyo incondicional de mi familia y amigos”.

No lo narra desde el dramatismo, sino desde la gratitud. La experiencia, sin duda, redefinió prioridades y confirmó la importancia de la red afectiva que la acompaña.

Cuando piensa en momentos que marcaron un antes y un después, menciona varios: haber ganado la beca para estudiar en Londres, haber conocido a su esposo y el nacimiento de su hijo. Son hitos que entrelazan lo profesional y lo personal, sin separarlos.

Interpretando música venezolana en St. James’s Piccadilly, Londres, con Carlos Nené Quintero (maracas) y Edwin Arellano (cuatro). Tomada de su web.

Maestras, familia y legado

Entre las figuras que admira, destaca a sus maestras Guiomar Narváez y Phyllis Sellick. “De las dos he visto la rectitud con la que han vivido sus vidas, el respeto y amor por el piano y por la carrera”. También menciona la dignidad e inteligencia de su madre, fallecida en 2024, y la sabiduría práctica de su padre, quien siempre le repetía que tenía que trabajar “duro”.

Esos referentes moldearon no solo a la intérprete, sino a la mujer que entiende la música como disciplina, estudio constante y ética.

Hay una anécdota que guarda con especial cariño: “Siempre le estaré agradecida a una pareja de amantes de la música que tuvieron la gran amabilidad de regalarme un piano marca Steinway de cola. Sir and Lady Scott, londinenses”. Más que un instrumento, fue un gesto de confianza y reconocimiento.

El público como clave

Cuando le preguntamos por las claves de su éxito, responde sin titubeos: “El maravilloso público que vuelve a mis conciertos… ¡son ellos la clave!”. El crecimiento, añade, depende de no desmayarse nunca y de mantenerse alerta al conocimiento. “No sabemos todo, siempre hay mucho que aprender y explorar”.

Foto de Antolín Sánchez.

En sus respuestas hay humildad, pero también claridad. La carrera artística no es un punto de llegada, sino un proceso continuo.

En el plano más íntimo, su plato venezolano favorito es “una buena empanada con una cocada en la Isla de Margarita”. Y el lugar que lleva en el corazón es “Caracas y su luz”. Esa luz que muchos describen, pero pocos logran traducir, parece acompañarla incluso en los escenarios europeos.

A los jóvenes venezolanos que sueñan en grande les deja un consejo reflexivo: “Seguir el sueño acompañándolo de trabajo, pensar tácticamente, no dejarse llevar por dogmas. Tratar de entender de dónde vienen las situaciones. Analizar las cosas desde un punto de vista práctico. Hay que tener cuidado y a la vez tener valentía”. Reconoce que no les ha tocado fácil y advierte sobre las distracciones de la era digital: “El internet puede ser muy valioso y a la vez un espejismo”.

Clara Rodríguez ha construido una carrera internacional sin dejar su identidad de lado. Desde Londres, ha puesto en el mapa a compositores venezolanos y ha hecho del piano un puente entre culturas. Su historia confirma que la disciplina sostiene, el amor impulsa y la música, cuando se asume como misión, trasciende geografías.

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Ediciones: Venezuelan Treasures for Piano 

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