Teresa Carreño | Una pianista que rompió paradigmas

Venezuela es tierra fértil, no solo por nuestros suelos sino por el talento que nace día a día aquí, un ejemplo de ello es la gran María Teresa Gertrudis de Jesús Carreño García, mejor conocida como “Teresa Carreño”, considerada una de las pianistas y compositoras más importantes del mundo durante los siglos XIX y XX.

Nació en Caracas el 22 de diciembre de 1853 y era hija de Manuel Antonio Carreño (sobrino del reconocido profesor y prócer Simón Rodríguez) y de Glorinda García de Sena y Rodríguez del Toro (prima de María Teresa Rodríguez del Toro, esposa del Libertador Simón Bolívar).

Teresa Carreño, además de ser increíblemente extraordinaria como músico también dió de qué hablar porque era inusual que una mujer de esa época se dedicara a esa profesión. Comenzó a estudiar música desde muy pequeña con su padre y ya, a sus cinco años de edad practicaba usando más de 500 ejercicios compuestos por el señor Carreño y se paseaban por las dificultades rítmicas y técnicas más importantes. 

Pero esto no quedó allí, Teresa continuó puliendo y profesionalizando sus conocimientos musicales con el pianista Jules Hohené, Georges Mathias y posteriormente en Nueva York, con el estadounidense Louis Moreau Gottschalk.

Su crecimiento como pianista fue tan avasallante que a sus seis años publicó su primera obra, dedicada a su maestro y titulada “Gottschalk Waltz” Vals de Gottschalk, agotada en tres ediciones sucesivas en un solo año, siendo una de sus actuaciones más exitosas la realizada en la Academia de Música de Brooklyn.

Asimismo, Teresa Carreño tuvo la oportunidad de ofrecer un concierto privado en la Casa Blanca (1863), invitada por nada más y nada menos que por el presidente estadounidense Abraham Lincoln y desde entonces su carrera como pianista no se detuvo.

Muestra de ello, su debut a los 9 años como solista con la Orquesta Sinfónica de Boston y la Filarmónica de Londres. Luego, a los 13 años, se encuentra con su familia en París, donde tuvo el privilegio de conocer a destacados compositores como Rossini, Gounod, y en los siguientes años a Maurice Ravel, Claude Debussy y Vivier. En el salón de Madame Erard tiene la oportunidad de tocar con Franz Liszt, quien quedó boquiabierto con el talento interpretativo de Teresa. 

Después de esos maravillosos encuentros la “pequeña” Teresa viaja a distintas ciudades de varios países para dar a conocer su música, entre ellos Cuba, Estados Unidos, París, donde debutó con éxito el 3 de mayo de 1866 y le siguió abriendo puertas en el ámbito musical en la capital francesa.

Durante esta serie de conciertos en Francia conoció al destacado pianista Johannes Brahms, al compositor italiano Gioacchino Rossini y a la cantante de ópera Adelina Patti. Estos dos últimos la impulsan además para que estudie canto, debutando posteriormente como mezzosoprano en la ópera Los hugonotes, de Giacomo Meyerbeer.

En 1866 muere la madre de la venezolana en una epidemia de cólera y a pesar de su duelo no se detuvo, siguió su carrera y se enrumba en esta ocasión a España, donde ofreció una serie de conciertos, que continuaron más tarde en Estados Unidos.

El amor y las desavenencias de la vida de Teresa Carreño

Y aunque Teresa Carreño amaba con locura la música también le dió cabida al amor de pareja, contrayendo nupcias en cuatro ocasiones.

En primera instancia se casó a los 19 años con el violinista Emile Sauret, con quien tuvo a su primogénita Emilia Sauret Carreño y pierde a su vez, a su segundo hijo lo que la lleva a disolver esta unión.

Durante esas fechas también fallece su padre, Manuel Antonio Carreño lo que llevó a Teresa dar a su hija Emilia en adopción a una amiga alemana, bajo la condición de no verla más tras sumirse en una fuerte crisis económica.

Tras ese trago amargo, Teresa viaja a Boston, donde se presenta como cantante, allí conoce al barítono italiano Giovanni Tagliapietra, quien formaba parte de la compañía con la que estaba de gira. Se casaron y fundaron una empresa de conciertos, la Carreño-Donaldi Operatic Gem Company. 

De esta unión nacieron tres hijos: Lulú (1878), Teresita (1882) y Giovanni (1885), a quienes Teresa dedicó buena parte de su vida y cuya crianza equilibró con sus giras y conciertos por Estados Unidos y Canadá.

En 1887 Teresa viene a Venezuela a petición del presidente de aquella época, Guzmán Blanco, quien quería conocer la música de la venezolana en vivo y directo. Sin embargo, esta visita no tuvo los resultados esperados, a eso se le suma el rotundo fracaso de la compañía de ópera que trajo consigo y por el comportamiento un tanto licencioso de su esposo.

Esta compañía estaba compuesta por 49 músicos que viajaron con la artista para interpretar una ópera italiana financiada por el Gobierno Nacional en el Teatro Guzmán Blanco. La noche de la primera función, el director no se presentó y fue cuando Teresa, debuta como directora para no suspender la función de la noche de estreno.

No obstante, Carreño tuvo que enfrentar demandas por incumplimiento de pagos por parte de uno de los miembros de la compañía y que como decimos en criollo “no dio la talla”, por lo que la pianista tuvo que permanecer en Venezuela hasta solventar la situación y el presidente Guzmán Blanco la ayuda a regresar a Nueva York (agosto 1887).

Finalmente en 1889 Teresa se separa de Giovanni Tagliapietra y viaja con sus hijos a Alemania, donde realizó diferentes conciertos y logró ganar la aprobación de tan difícil escenario. Fue en este lugar donde se consagró como concertista de fama internacional. 

En 1892 se casa nuevamente, pero esta vez lo hizo con el famoso pianista Eugen d’Albert, de quien tiene dos hijas, Eugenia y Hertha. En 1895 se separa de d’Albert, y en 1902 se casa con Arturo Tagliapietra, hermano de su segundo esposo, Giovanni.

Sin duda, una vida que no solo fue de éxitos sino de pruebas que la hicieron forjar su carácter y dar la fuerza para seguir su vida artística.

De hecho, un poco antes de fallecer tras una parálisis parcial del nervio óptico (1917) organizó una gira por Sudamérica, donde solo tuvo la oportunidad de ofrecer el concierto en Cuba con la Filarmónica de La Habana, pues por el diagnóstico que había recibido, Carreño debía estar de reposo y aunque siguió las indicaciones no resistió este padecimiento.

Obras emblemáticas de Teresa

Sin duda una mujer ejemplar llena de carisma, pasión y amor por la música y aquí una muestra de las obras más conocidas compuestas por la pianista:

  • Valse Gottschalk, Op. 1
  • Caprice-Polka, Op. 2
  • Corbeille des fleurs, Valse, Op. 9
  • Marcha fúnebre, Op. 11
  • La oración, Op. 12, compuesta a causa de la muerte de su madre.
  • Polka de Concert, Op. 13
  • Fantaisie sur Norma, Op. 14
  • Ballade, Op. 15
  • Plainte, première élégie, Op. 17
  • Partie, deuxième élégie, Op. 18
  • Élégie, Op. 20, Plaintes au bord d’une tombe
  • Élégie, Op. 21, Plaintes au bord d’une tombe
  • Fantaisie sur L’Africaine, Op. 24
  • Le Printemps, Op. 25
  • Un Bal en Rêve, Op. 26
  • Une Revue à Prague, Op. 27
  • Un rêve en mer, Méditation, Op. 28
  • Six Études de Concert, Op. 29
  • Mazurka de salón, Op. 30

Obras para coro y orquesta

  • Himno a Bolívar (1883 ó 1885)
  • Himno a El Ilustre Americano (1886), dedicada al gobernante venezolano Antonio Guzmán Blanco, conocido por este apodo.

Otras

  • Sérénade pour cordes (1895)
  • Quartette à cordes pour 2 violons, viole et violoncelle, en si mineur (1896)
  • Danza venezolana (1899)

Teresa Carreño es y seguirá siendo la magnificencia hecha pianista, una mujer que llenó de orgullo a este país y lo sigue haciendo, no solo por su talento, sino por su esencia, por romper paradigmas en una época donde era impensable que una mujer fuera una pianista profesional, por lo que la seguimos admirando y aplaudiendo de pié, tanto en Venezuela como en el resto del mundo.

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